Una cuestión de confianza
La confianza es la base de las principales relaciones del ser humano. Esta crisis económica que nos devora acabará justo en el momento en el que el gobierno sea capaz de generar la suficiente confianza como para que los empresarios vuelvan a crear empleo, los ciudadanos retomen el consumo y los inversores recuperen su fe en el futuro de este país. Mientras eso no sea así ya pueden llegar milmillonarios rescates -perdón, apoyo financiero en condiciones favorables-, que del pozo no saldremos en décadas.
Estábamos habituados a comentar los rumores que se extienden por toda la NFL desde el final de la Super Bowl hasta el inicio de la siguiente regular season, Es seguro que esto no cambiará, pero sí creo que a partir de los perniciosos efectos que en cuestiones de confianza dejó a su paso el Peyton Manning’s Tour, cada una de las treinta y dos franquicias de la liga valorará sus futuros movimientos y considerará la repercusión que sobre sus jugadores puedan tener esos rumores.
PEYTON MANNING. Cuando el aleteo de las alas de una mariposa en Shangai provoca un ciclón en Amsterdam.
El problema de Peyton también se llamaba confianza. Una vez cortado por los Indianapolis Colts y con el deseo de proseguir su carrera profesional, el quarterback de New Orleans sabía que lo primero que debía hacer era despejar las dudas sobre la recuperación de su lesión cervical; interrogantes totalmente lógicos si tenemos en cuenta que Manning no había podido dirigir un solo snap en toda la pasada campaña. Ese tour de promoción fue algo grandioso, solo a la altura de una fulgurante estrella del rock. Pasó por Denver, Arizona, Tennessee, San Francisco y Miami despertando rumores más o menos consistentes desde Kansas City hasta Washington, desde Seattle hasta New York. Incluso alguien escuchó el repicar de campanas en Houston. Y en cada estación de ese viaje era objeto de adoración por parte de los locales. Durante esos días imaginé la tensión de los responsables de turno y cómo podían conjurarse tras la consigna de “que este tío no salga del despacho sin haber firmado o lo perderemos“. Los hechos demostraron que mi capacidad de fantasear no estaba muy lejos de la realidad. Esa gira consiguió el objetivo propuesto pero, al mismo tiempo y debido al estrecho seguimiento mediático, puso al descubierto las intenciones de todas las franquicias interesadas en contratar al glorioso Manning. Las repercusiones internas no se hicieron esperar, quebrando la confianza de algunos jugadores clave.
NEW YORK JETS. ¿Cómo recuperar lo que nunca se tuvo?.
Mark Sanchez es un quarterback discutido desde el primer día. Seamos justos, desde el segundo. Demasiado irregular en su juego y con discutible capacidad para el juego aéreo, ha acabado por agotar la paciencia de todo su cuerpo de receptores en bloque; un mérito nada fácil de conseguir. El potencial de los Jets está por encima de su quarterback y eso es algo que no escapa ni en la grada ni en la banda. La frase “con otro quarterback ya tendríamos un anillo” se ha extendido como una mancha de petróleo por toda la grada y pesa como una losa en la franquicia. Por si fuera poco, todo el mundo sabe, dentro y fuera de la gran manzana que una de las debilidades de Sanchez reside en el plano psicológico y ante la presión su juego, lejos de mejorar, empeora.
Así que podéis imaginar cómo fue recibido en Can Sanchez conocer que los Jets se plantearon la contratación de Peyton Manning. Nada de forma oficial, claro, pero el runrún fue imposible de contener. En este punto ya no tuvo la más mínima importancia que el exquarterback de los Colts nunca considerara New York como un posible destino. El daño estaba ya hecho en casa. Y saltaron todas las alarmas. En las oficinas de los Jets alguien comentaría que “hemos jodido a nuestro propio quarterback en la off season!“. Temiendo lo peor, la franquicia se apresuró en levantar el frágil ánimo de Mark Sanchez de la única forma que desde los despachos podían hacerlo a esas alturas de la temporada. Firmaron una extensión su contrato por tres años más y cruzaron los dados para que starting quarterback hubiera olvidado el incidente. Semanas más tarde, por la chimenea de la NFL divisamos la esperada fumata blanca. Peyton había decidido su destino siendo agraciados los Denver Broncos de Elway y Fox. Horas más tarde los Jets anunciaban la incorporación de Tim Tebow a sus filas.
Sánchez es ya carne de cañón. Siempre he visto comprometida la confianza entre él y su head coach. En los últimos meses Rex Ryan había amagado con su substitución pero, también por falta de competencia en sus otras alternativas, jamás se atrevió a dar el paso. Este año será diferente. El head coach de los Jets tomará la táctica menos adecuada si de verdad uno pretende que Mark funcione a pleno rendimiento. Lo sentará a la mesa justo bajo la espada de Damocles. No funcionará y nada de lo que ocurra en New York nos sorprenderá. Mark empezará la temporada como quarterback titular, pero lo hará bajo la presión de quien distingue en su cogote la sombra de su substituto. Y los malos partidos llegarán; no desde el primer momento, pero sí a la hora acostumbrada de otoño. Y cuando estos colmen la paciencia de la grada y den a Ryan la oportunidad que tanto ha buscado, los Jets protagonizarán una de las substituciones más cantadas de toda la temporada. Rex dirigirá su mirada hacia ese fullback entretenido en los equipos especiales y le pedirá que se enfunde el helmet con intercomunicador. Esto no tiene buena pinta, Mark.
SAN FRANCISCO 49ERS. Quien juega con fuego acaba por quemarse.
Preguntado por unos hipotéticos cambios en la alineación de su equipo cuando estos lideraban la competición, un entrenador, cuyo nombre prefiero olvidar, respondió que “ni los cordones de las zapatillas“. En San Francisco no son de la misma opinión. A pesar de haber firmado una de las temporadas más exitosas de las últimas décadas, arrasando literalmente su división y cayendo en una agónica final de conferencia frente al futuro campeón, la franquicia se empeña en no dar continuidad a un proyecto de probada validez. A veces parece que en la bahía se empeñan en ser prisioneros de su pasado. No entienden que, si bien a todos nos gustaría reverdecer laureles de gloria jugando un football de fantasía, a menudo basta con ser la franquicia que acabe levantando el Vince Lombardi Trophy.
En cualquier caso, todos tienen su parte de razón y todos se equivocan. Entiendo que Jim Harbaugh comprará sus boletos para optar al premio gordo de esta free agency, reuniéndose con Peyton Manning en la Universidad de Duke. pero el momento llegó en una situación especialmente delicada pues los niners estaban negociando la renovación del contrato de Alex Smith. Así que alguien debió de hacer notar que, saliendo de caza, podían volver a casa y encontrar la despensa vacía. Supongo que todos pensaron que esas cosas no ocurren en la NFL. Solo unos pocos jugadores gobiernan su destino; la mayoría acaba aceptando las condiciones que les presenten porque la alternativa es dejar de jugar en el fútbol profesional.
Por su parte, tan pronto como Alex Smith conoció la notícia, entró en cólera. El quarterback no podía entender como, tras “la eterna espera” de los bay bombers, fuera sometido a semejante humillación. Él, que había superado unos inicios tremendamente duros en Candlestick Park, manteniéndose al pié del cañón pese a los tremendos abucheos que, semana sí, semana también, recibía impávido. Él que había conducido al equipo hasta los playoffs tras años observando la clasificación desde lo más bajo. Y ahora, en lugar de agradecerle los servicios prestados y ofrecerle una renovación acorde con los méritos conseguidos, era ninguneado públicamente con un trato no muy diferente al que tendría que soportar cualquiera de esos quarterbacks fracasados que, durante años, habían pasado con mucha pena y poca gloria por San Francisco.
Y el cabreo fue monumental. Tanto como para empujarlo a tomar el primer avión con destino a los Miami Dolphins, otra de las franquicias que habían comprado boletos en esa gran lotería hasta que, convencidos que les habían engañado con el ticket, seguían buscando un mariscal de campo.
Podemos pensar que finalmente imperó el sentido común, que las aguas retrocedieron y la armonía reinó de nuevo. De puertas para adentro, sólo la conjunción de cuatro factores impidió el desastre: la firma de Peyton por los Broncos, las escasas oferta deportivo-económica de los Dolphins, la dosis de realidad con la que el propio Alex se topó cuando comprobó su valoración en el mercado persa de la free agency y la necesidad por parte de los 49ers de recuperar a su starting quarterback ante el escándalo mayúsculo que hubiera podido suceder si hubieran perdido a Peyton y a Smith de una tacada.
Los niners fueron conscientes del quebranto de esa confianza. Tanto es así que, desde aquellos días, han intentado mimar a su ofendido quarterback para que, al principio de temporada, todo esté olvidado. Pagaron más por la renovación del quarterback y, de igual forma que haría un novio con su enfadada pareja, le han traído en forma de ramo de flores a todos los receptores que han podido reunir. Desde esos días, cualquiera que esté vinculado a un cargo de responsabilidad en San Francisco ha intentado que Smith fuera consciente de que le quieren. Mientras, Alex huele esas rosas rojas recién cortadas y sigue trabajando con aire desconfiado.
Jordi Piqué es autor de blog 'Illegal Return, promotor de diversas Fantasys 'The Dinasty e ideólogo del podcast 'Touchdown Or Nothing.

Buen articulo, sigue así !
Un saludo.
PD: La The Dinasty League 2 va a seguir o se sabe algo? Gracias.